jueves, 15 de abril de 2010

...Sin un titulo aun, pero es algo.

22/enero/1947

Cuando llegamos a la esa costa áspera, gris, desolada y enteramente amarga, seguramente por la sal del mar. Me pregunto como se abría sentido el capitán Aranda en 1830 cuando llego por primera vez aquí, a estas desoladas costas. YO me sentía extrañado pero maravillado al mismo tiempo, había algo vibrante en aquel lugar, algo más triste que sombrío, lastima que comenzó a llover y tuvimos que regresar al barco.

24/enero/1947

El tiempo no mejoro mucho en los últimos dos días después de nuestra llegada e incluso pensamos en regresar al puerto de Nayarit de donde habíamos partido hacia unos 4 días, cuando el clima comenzó a mejorar. Un golpe de suerte pensé en ese momento, un profesor de arqueología no siempre tiene 40 hidalgos para lanzarse en un viaje a todo vapor hacia una antigua isla en el pacifico llena de ruinas antiguas y nuevas, el casco de la antigua hacienda se detenía por algún extraño designio, se ladeaba en extraño ángulo hacia el mar, mas allá en el campo raso viejos vestigios de una construcción poco practica y mal hecha, quizá un palenque o algo como un coliseo de perros. Aranda era conocido por su gusto por la sangre, cuando llego a esta isla estaba llena de indígenas muy poco civilizados intento usarlos como criados pero pronto se dio cuenta que no eran mucho mejores que para dianas o sacos de entrenamiento de sus mastines. Pronto la población se mermo y de un día para otro simplemente desapareció junto con la esposa del capitán.

25/enero/1947

El sol jamás sale aquí. Es un tanto extraño que exista una isla con estas características en el medio del pacifico, había miles de islas con un clima mas tropical a no mas de 20 kilómetros de este pedazo de basalto, ¿Por qué Aranda escogería este lugar?, me sorprende, además de la producción de la pequeña mina de plata de la isla no imagino como es que se la arreglaba para mantener este lugar, no me sorprende que se halla deteriorado tan rápido. Sin embargo las ruinas indígenas son fascinantes, están hechas de piedra volcánica con incrustaciones de plata como si hubiesen sido moldeadas y no talladas, si es obra de artistas es un trabajo magnifico, su belleza late en los ojos por si misma.

**

Enero 30.

Cada día las ruinas me fascinan más. Los grabados ígneos de las entradas del templo principal son hermosos, brillan bajo los tenues rayos del sol matinal y languidecen siguiendo el camino del astro. Incluso parece que cambian de tonos, de un rojo intenso en la mañana pasan a un verde rosáceo en el crepúsculo. Creo que la tripulación esta nerviosa; he visto al capitán persignarse mas de una vez mientras creía que no lo veía. Supersticiones tontas de gente de mar, supongo. He ordenado que 10 de los hombres preparen equipaje, provisiones y armas para unas 10 jornadas. Pretendo estar fuera solo una semana pero no quiero quedarme sin comida a mitad de una selva desconocida. Bien conocidos son los relatos de canibalismo desesperado. Por las prisas había olvidado anotarlo, pero desde el desembarco he notado un cierto olor, acre y penetrante que inunda el ambiente a intervalos irregulares. Es casi una presencia palpable y viva que ronda el campamento. Como si husmeara y vigilara a estos desconocidos. Bah! Solo son tonterías. Creo que el sueño me abotarga y mis sentidos se dejan llevar por el imaginario inculto y vulgar de la gentuza que me rodea. Las velas casi se consumen. Debí traer más.

Febrero 2

Hace dos días partimos del campamento y nos internamos en el bosque. Justo ahora acampamos cerca de un rio ruidoso y feroz. La brisa esta llena de vapor y hay una molesta capa de agua sobre nuestros cuerpos que nunca se seca. No puedo escribir mucho o las hojas se consumirán con tanta humedad.

Febrero 6

He encontrado algo muy extraño la tarde de ayer. Mientras avanzábamos por un claro, cerca de algún pantano a juzgar por el olor y las luces fatuas que vimos esa noche, un destello de luz repentino revelo un objeto brillante enterrado en medio del terreno. Nos acercamos con cuidado y era un hermoso brazalete de oro con inscripciones latinas y una serpiente bicéfala a modo de cuerpo. No se que podría estar haciendo algo así en un lugar tan salvaje como este. ¿Parte de los hombres de Aranda? Es la única solución que se me ocurre por ahora.

Al anochecer.

Hay algo aquí. Puedo casi sentirlo. Una presencia enorme y, y…casi diría racional. Algo que nos espía desde la maleza. Y ese maldito olor ha vuelto. Lo siento (no hay mejor palabra para describir lo que me produce) incluso sobre la fetidez de la ciénaga. He pedido un arma al teniente Zuloaga.

Febrero 7

Uno de nuestros hombres se ha ido. Así, solo se fue. Sus pertrechos, y caballos a su cargo se han ido también. Una deserción escuche entre los restantes soldados. Espero que sea así.

Febrero 9

Una figurilla semienterrada bajo las ruinas de lo que parece…un pórtico columnado me ha helado hasta los huesos. Es de una bestia, una atrocidad de las mentes que lo tallaron, con lo que parecen cuernos, al menos diez, y siete cabezas con rostros de diferentes creaturas apócrifas y de fantasía. Pero es el detalle de los rostros, todos feroces y repulsivos, lo que me ha puesto nervioso a la puesta del sol. Hasta ahora el olor de Aranda, como lo han llamado los hombres, sigue sin apestar el ambiente.

Hoy se ven las estrellas, así que lo aprovechare y utilizare mis instrumentos.

Después de medianoche.

¡No puede ser! ¡He sido testigo de algo irracional! Al salir a medir la posición de las constelaciones del Carro y la Mayor para mi estudio fue imposible localizarlos. Simplemente no estaban allí. Escudriñe el cielo estival y solo fantasmagorías se revelaron a mis lentes graduados, trazos irreales y figuras feericas danzaban bajo algún compas inaudible, como si mas allá de los débiles horizontes de nuestras mentes miserables algún enloquecido demonio tocara una flauta de horror. Es demasiado. Mañana mismo regresaremos a la bahía.

Febrero 12

Zuloaga ha muerto. La fiebre lo ataco hace dos días. Lo cremaremos aquí mismo; no podemos darnos el lujo de cargarlo hasta el campamento. Su cuerpo estaba lleno de ámpulas explosivas, de mal olor y un color necrótico. Le he advertido a los hombres que no lo toquen; espero que no sea contagioso.

**

Febrero 14

Un manto de muerte nos ha envuelto. Un día ajetreado por esta extraña viruela. Feliz día de los enamorados, te extraño Sandra. No puedo más que llorar.

Febrero 15

La fiebre se ha mermado por sí sola, no me lo explico. Simplemente se fue… así como apareció y termino con la vida de Zuloaga a desaparecido con la vida del pobre Saúl, el único ingeniero de maquinas; tres años en la guerra y fueron ámpulas y no balas las que acribillaron su cuerpo, el capitán está nervioso, quiere largarse. Pero la guardia costera nos ha ordenado mantenernos en la bahía. Encadenados en la isla de Aranda.

Febrero 16

Todo es una pesadilla, ahora que me encuentro seguro de la locura de la tripulación y de su estúpida e irracional superstición puedo escribir estas palabras. Cerca de donde encontramos el brazalete es el único lugar al que no se atreven a venir por miedo a viejas historias de marinos que ese tipo llamado Armando les ha estado contando; algo de un devorador de estrellas y antiguos señores. Esos son disparates de gente ignorante y poco preparada, sin embargo no puedo explicar ese olor maldito que a aparecido de nuevo y parece venir de ningún lugar. Busque todo el día el pantano sin ningún éxito. Estoy cansado, mañana entrare en las ruinas.

Febrero 17

¡Dos voluntarios! No puedo creerlo, la ignorancia es la única constante en esta enorme roca, las estrellas se han vuelto locas, como la tripulación que se queda más por la cuarentena impuesta por la guardia costera que por voluntad propia. El sol pareciera ir de norte a sur algunas veces, creo que me a afectado el calor; tendré que posponer la expedición. Solo espero que mi pequeño grupo no desaparezca como aquel tipo, estoy arto de deserciones… A veces ciento que esto me sorprende, otras simplemente es racional.

Febrero 20

Fue horrible, solo una bestia invocada de los más profundos avernos podría haber hecho algo así. Los hombres que acampaban cerca de la playa fueron… no encuentro palabras para describirlo, abominable, un calor abrazador burbujeaba en mis entrañas y sentí de pronto la desesperación de la soledad, y la plena sensación ignívoma del odio. Me desentrañaba el hecho de la muerte y mi alma se encogía bajo el yugo de una ignorancia feral. Pronto me di cuenta que al otro lado de la playa el capitán y unos 15 hombres armados con Thompson veían con ojos muy abiertos e igualmente fascinados.

Comienzo a creer que algo no quiere que entre a las ruinas, siempre que comienzo una incursión algún evento desafortunado o sanguinario como el de hoy ocurre. Me sacan totalmente de mis intenciones, el cielo nocturno vuelve a ser incomprensible y de un color azabache, me siento indefenso. Esta noche la pasaremos en el barco.

Febrero 21

Reina el descontento y temo un posible amotinamiento. La guardia costera a amenazado con dispararnos si violamos la cuarentena. Estamos atrapados en este miserable y ahora hediondo lugar, ¡Dios el olor se ha vuelto insoportable! ; Como si fuera poco, se avecina una tormenta.

**

Febrero 24

Hace tres días, la noche de la tormenta, el mar se torno irascible y malvado con los marinos. Eso no es una novedad, el mar es un aliado sempiterno de las tormentas. Pero aquella noche que ahora me parece tan lejana, las olas golpeaban el casco del Priority con tal fuerza que los camastros se derrumbaban, los cañones se desprendían dela cubierta y los hombres eran arrojados en el aire y golpeados una y otra vez antes de ser devorados por el terrible abismo inmisericorde de las aguas. El buque encallo en las playas al norte de la isla. Solo sobrevivimos cuatro.

Febrero 25

El cabo Martínez se suicidó esta mañana. El día esta nublado. Esperamos que aclare para evaluar los daños en popa.

Al atardecer.

Los daños son irreparables. Aun con el material y los hombres necesarios el Priority no volverá a navegar.

Febrero 28

La selva ha devorado a los últimos hombres que quedaban. Parece que lo que acecha desde las sombras se ha empeñado por aislarme, dejarme desvalido y ver mi lenta muerte. Juraría que he escuchado una risa, una risa estentórea, vil, carente de piedad y sin embargo más humana que cualquiera. Su risa.

¿Marzo 10?

Las voces ancestrales vienen por mí, susurran canticos de muerte y tormento, prometen realidades sin desenfreno en el abismo de su olvido, carecen de culpa y son tan eternas como la criatura que cada día habla con más atrevimiento del futuro al que he sido condenado. Mis recuerdos me abandonan y poco a poco la figura de mi amada va perdiendo su aura tranquilizadora y veo el ardor de mi propio sufrimiento en su rostro cuando cierro los ojos. La certeza de mi vida va desvaneciéndose…

¿Marzo 23?

... Es cuestión de días para que mi cuerpo muera. Ya no estoy tan seguro que mi alma siga el mismo camino…

(Paginas desprendidas)

Fecha desconocida

Hoy he visto pruebas de que la ciencia es un vano y aun muy lejano intento por comprender los fenómenos que nos rodean. Desde los tiempos en que el hombre se dio cuenta de su supuesta superioridad creyó que era el punto mas elevado de la creación natural. Se tomo la osadía de creerse capaz de explicar el universo que se creía destinado a gobernar, de caer en la falsa presunción de comprender y asimilar cada aspecto de la maquinaria de la existencia. Hemos sido unos tontos. Él me las ha mostrado…

MH y MA...esperamos y la disfruten.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Ay, de ti Cioran

¡¡¡Y pensar que el interes por la filosofía comienza con el sobrecogimiento ante el abismo de la muerte inexorable y concluye buscando bibliografía!!!

miércoles, 14 de octubre de 2009

Los nervios se me adhieren
al barro, a las paredes,
abrazan los ramajes,
penetran en la tierra,
se esparcen por el aire,
hasta alcanzar el cielo.

El mármol, los caballos
tienen mis propias venas.
Cualquier dolor lastima
mi carne, mi esqueleto.
¡Las veces que me he muerto
al ver matar un toro!...

Si diviso una nube
debo emprender el vuelo.
Si una mujer se acuesta
yo me acuesto con ella.
Cuántas veces me he dicho:
¿Seré yo esa piedra?

Nunca sigo un cadáver
sin quedarme a su lado.
Cuando ponen un huevo,
yo también cacareo.
Basta que alguien me piense
para ser un recuerdo.

Oliverio Girondo

Llorar a lágrima viva

Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.

Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.

Asistir a los cursos de antropología,
llorando.
Festejar los cumpleaños familiares,
llorando.
Atravesar el África,
llorando.

Llorar como un cacuy,
como un cocodrilo...
si es verdad
que los cacuyes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.

Llorarlo todo,
pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz,
con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo,
por la boca.

Llorar de amor,
de hastío,
de alegría.
Llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

Oliverio Girondo

lunes, 28 de septiembre de 2009

Como acaba aquello...

Esa tarde estaba simplemente cansado. Había bebido hasta la madrugada el día anterior y las náuseas no me habían abandonado del todo. La cabeza me daba vueltas y las risas estridentes que oía mientras caminaba junto a ellos solo me hacían cerrar los ojos e imaginarlos degollados y muertos al lado de la acera. A ver si así se callan, pensé, soltando la carcajada. No sabia a donde íbamos, pero la promesa de cerveza gratis fue demasiado tentadora, demasiado incluso para aceptar ir con esos idiotas. Fabio era la cabeza del grupo y era, sin omitir ningún juicio, un pendejo. Así, sin mas apelativos ni justificaciones. Era músico, o al menos eso había entendido, y estaba de gira con su grupo. No quise ni imaginar la clase de conciertos que ofrecían. A su lado caminaba una chica pequeña y delgada que pasaría por una niña si no fuera por sus enormes senos. Los pezones eran bien visibles debajo de la blusa de color verde y sin poder evitarlo me empecé a poner caliente.

Llegamos a un bar insignificante. La barra estaba vacía, pero fuimos a una mesa en el extremo del lugar. Apestaba a miados. Todos pidieron cerveza y empezaron a discutir acerca de quien era el escritor mas grande que habían leído. Me levante y fui a orinar. Cuando regresé, Lucía, la chica de los pezones, estaba hablando sobre la doctrina budista y los malentendidos que mucho se habían dispersado. La verdad es que a nadie le importa una mierda, pensé mientras le daba el primer sorbo a la botella. Puaj! Escupí lo que había en mi boca y sin decir nada a nadie, fui hacia la barra y pedí un vodka con soda. Mientras esperaba, sentí los ojos de aquellos clavados en mi espalda y escuché algunos murmullos de extrañeza. Volví con mi vaso y seguí escuchando su charla por casi media hora.

De pronto, uno de los sujetos del grupo se dirigió hacia mi y me pregunto mi opinión acerca de los problemas de Honduras. Sin levantar la mirada de mi quinto vaso, le conteste que no pensaba. ¿Cómo?, me respondió con una cara de asombro, supongo. Me importa un carajo, le dije al fin, dando el ultimo sorbo a mi bebida. Creo que ya hacia falta una buena guerra por esa zona. Se calló y siguió discutiendo con los demás sin volver a molestarme. Para entonces ya estaba un poco ebrio y aunque trataba, no podía dejar de verle los pechos a Lucía, que con el calor del lugar se hacían aun mas visibles y se balanceaban cuando se reía. Ella se dio cuenta al cabo de un rato y me miro a los ojos con dureza. Sus labios se torcieron en una mueca y aunque estaba sudando se puso un suéter de tortuga. Aun así eran bien visibles y seguí clavando mis ojos en aquellas grandes bolas. Paso una hora, y harto de escuchar discusiones y chistes estúpidos me levante y salí a la calle con ánimos de seguir bebiendo en otro lugar. No me tomó mucho tiempo darme cuenta que nunca había estado en esa zona cuando las vecindades empezaron a sucederse y las putas empezaron a aparecer a montones. La mayoría eran gordas y viejas, con el cabello rubio y los labios pintados de un color carmesí oscuro y barato. Seguí caminando otra cuadra y encontré a una mujer increíble, allí, de pie con unos pantalones demasiado ajustados y una camiseta diminuta. No traía sostén. Me le acerque mientras trataba de calcular cuanto efectivo tenia a la mano y al detenerme junto a ella le toque el muslo izquierdo. Trate de besarla pero me detuvo con delicadeza y me dirigió al hotel que estaba cerca. No seria una día tan malo, después todo.

M.H.

lunes, 17 de agosto de 2009

Un cuento de locura cotidiana.

Conocí a Meche en un bar del centro en la calle Ganso, o quizá de la calle Gante, siempre las confundo. Como sea, llevaba varias horas sentado en una mesa alejada de la barra cuando esta mujer entró. Era alta con el pelo muy corto y desigual. No era gorda o flaca, estaba en un punto medio dificil de describir. Tenia unos pechos grandes que se balanceaban al caminar. Hermosos. La estuve mirando un rato desde mi rincón, sintiendo como la excitacion subía muy lento en la entrepierna; en ese tiempo casi olvide beber del tarro que empezaba a calentarse. Y ya saben que dicen de la cerveza caliente...que es como miados tibios. Un borracho me preguntó, no, me regañó sobre eso una vez. Me dijo que a menos que hubiese bebido orina recien salida y tdavia humeante no tenía el derecho de decir tal cosa. Yo ya estaba ebrio y, como siempre que lo estoy, se apoderó de mi una necesidad de impresionar al desconocido en turno con quien charlaba, asi que tomé una botella vacia de mi mesa, fui al miadero y lo llené. Regresé con el y se la acerque a su nariz. No se si supo bien que era, pero a juzgar por su mirada diria que ya empezaba a considerarme como un loco. En fin, alzé la botella y le di un trago largo y profundo. No volvió a cuestionarme sobre las frases que podía usar o no.
Seguía viendo los grandes pechos de aquella mujer, redondos, acariciables, y casi palpitantes. Como era de esperarse no tardó mucho en sentir mi mirada y volteó. Fijó sus ojos en los míos por tanto tiempo que ya comenzaba a sentir el sudor corriendo por mi espalda cuando se levantó y vino directo hacia mí. -Otra escena de una vieja molesta por violarla con la vista- me dije, resignado a escuchar gritos y estupideces moralistas. Bebí el que creía sería el ultimo trago de la noche, me sente bien derecho en la silla y esperé. Se plantó enfrente de mí, con su vaso en la mano y se quedó inmovil, sin decir nada viendome ya con curiosidad, ya con pena. -¿Que, no vas a invitarme a que tome asiento?- dijo al fin. -Claro, adelante.- le dije, sin saber bien de que rayos se trataba todo eso. Mientras se sentaba, me limpié el sudor de la frente y la nariz, teniendo cuidado de no mostrar el nerviosismo que estaba a punto de hacerme gritar.
-¿Que tomas?- me preguntó sin despegar la vista de mi.
- Cerveza. Oscura.- tartamudé
-¿Puedo?- me dijo mientras alargaba su mano y se empinaba mi tarro.
Cuando terminó de beber, un ligero chorro cayó sobre su camisa, encima de los pechos enormes haciendo que el pezon izquierdo se asomara. Al parecer no se dio cuenta, o no quiso hacerlo. Sacó un cigarro de su pantalón (no traía ninguna de esas ridiculas bolsas de mano) y un encendedor de gas, de los caros. Empezó a dar profundas bocanadas cuando uno de los meseros, un marica visible, le recordó que no se podía fumar.
-No te quejas cuando envenenas a los otros con esa mierda de cerveza pero te sale lo hombre cuando ves que se consume una droga que no te deja beneficios. ¡Vete a la mierda!- dijo sin siquiera volverse para mirarlo. Siguió fumando y por primera vez me sonrió.- ¿Como te llamas?-me preguntó mientras exhalaba una nube directo en mi cara.
-Julio...
-Yo soy Mercedes. Dime Meche.
Por un rato ninguno dijo nada. Nos limitamos a estudiarnos, a escudriñar gestos y movimientos corporales, buscando la mas minima señal de debilidad, de incomodidad o desprecio. Su rostro era delicado y bellisimo. No llevaba maquillaje y aun asi era mas atractiva que la mayoria de esas actrizuchas de quinta que andan meneando el culo por alli. De pronto, otro mesero, le tocó un hombro. Meche, olvidandome por completo, tomó al tipo ese por el brazo y, sin niguna advertencia, le mordió los dedos. Yo estaba impresionado y asustado por los gritos de dolor que lo delataban tambien como marica. Me recordó una vez que un chiquillo loco le encajó un lapiz justo debajo del ojo a una niñita en mis años de primaria. Los mismos gritos de dolor. Era normal en la niña, pero oirlos salir de un tipo de mas de treinta era lo que en verdad me asustaba. Siguió moridendo hasta que se escuchó como tronaban y se separaban las falanges en una explosion de carne, sangre y hueso. El marica gritón se desmayó y con el chisme todavía en la boca, Meche se dio la vuelta y lo depositó en su vaso de whisky. Supe que era momento de correr cuando varios de los parroquianos sacaron sus telefonos y empezaron a marcar como poseídos.
Mientras se limpiaba la sangre de su boca con varias servilletas, me interrogó con la mirada y antes de que supiera bien que era lo que me preguntaba, estaba corriendo junto a ella por las calles mal iluminadas del centro.
-Un momento- le dije cuando me di cuenta de algo vital- le acabas de arrancar el dedo a un tipo que no te hizo nada. ¿Que demonios te pasa?
-¿Que no me hizo nada?- repitió, con un tono tan serio que dude acerca del tono que yo habia empleado- ¿Crees que tocarme por la espalda es NADA? Ahora ya sabrá que no debe tocar a una mujer sin su consentimiento.
-O...k...¿Entonces queda descartado que te acaricie las chichis?- le pregunté, confiando en la confidencia que acababamos de experimentar. ¿Que cual confidencia? No todos los días sales corriendo con una demente arranca dedos sin haber tenido nada que ver con ello.
Volvió a sonreírme y me besó. Sentí su lengua palapando dentro de mi boca, recorriendo cada rincón. Su aliento apestaba a sangre y alcohol.
La seguí a un hotel de ochenta la noche y al fin, despues de meses de pajas nocturnas y precoces, estuve con una mujer. La primera vez fue bestial y tan rapida que ya no estoy seguro si en verdad ocurrió. Ella se levantó y fue al baño. A limpiarse, supuse. Estuve un rato tratando de comprender que carajos había pasado, olvidando por un instante el asunto del dedo. Cuando ya estaba casi dormido, Meche salió del baño y fue a acostarse junto a mí. Me abrazó y sentí sus pezones en mi espalda, encajandose y poniendose mas y mas duros. Me di la vuelta, listo para otra montada pero ella me detuvo. Se dio la vuelta y me expuso sus flacidas y enormes nalgas. Sin nada de que quejarme, empecé a trabajarla mientras lentamente subia y bajaba su lengua por toda verga. Cuando ya empezaba a aburrirme, sentí una punzada de dolor que me hizo gritar. Me detuve y como represalia le di una nalgada en seco. Dio un ligero gemido y supe que había dado en un punto clave. Seguimos otro rato y esa vez no solo sento un pinchazo. El dolor fue insoportable. Confundido, con las manos todavia en sus nalgas la arroje de la cama y me llevé la mano a mi entrepierna. El dolor me estaba matando; mas que gritar, lloraba. No sabía que había pasado: quizas había usado demasiado los dientes, o quizas haya jalado un pedazo de pellejo sensible. No sabía que hacer y el panico se apoderaba de mi. Suplicaba, entre moqueos y lloriqueos que llamaran a una ambulancia cuando vi que Meche se levantaba enfrente de mi. Me miraba con indiferencia y, puedo asegurar, odio. Me dijo algo que no alcance a entender mientras se vestía y antes de que saliera, me arrojó el pedazo que me habia arrancado. Me las arregle para alcanzar el telefono y llamar a emergencias. Despues me desmayé.

Estuve en el hospital por dos meses, varios reporteros fueron a verme y a pedirme fotos de lo que quedaba de mi hombría. Salí en el periodico y por varios dias fui todo un personaje. Al cabo de una semana la noticia de un sucidio en el subterraneo apartó a los medios de mi pabellon. Cuando me dieron de alta, me acerque al puesto de periodicos, fuera del hospital, y compre el periodico. El tipo que me lo dio ni siquiera dio muestras de reconocerme. Aun con el frasco que contenía la punta de mi verga debajo de mi brazo, nadie pareció mostrar interes en mí. Tomé un taxi y le di la direccion de mi casa.
-¿Como va todo?- me preguntó
No le respondí. Arrancó y salió volando por entre las calles del norte de la ciudad.

M.H.